“Fabula” en Buenos Aires

por Federico Monjeau, Clarín, Buenos Aires, 13/12/05.
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Fábula, la ópera de Oscar Strasnoy, cerró el ciclo de música contemporánea del Teatro San Martín. Se trata de una “ópera de bolsillo”, escrita para un único cantante (el contratenor alemán Daniel Gloger) con el único acompañamiento de un instrumentista (el británico Garth Knox en viola d’amore), más una cinta electrónica mínima. Fábula está en línea con cierta reducción de medios instrumentales de Geschichte, la extraordinaria ópera de Strasnoy para seis voces a cappella que presentó en 2004 el CETC.
Fábula es la narración de un cuento popular italiano adaptado por Alejandro Tantanian; una narración lineal y, a la vez, con variantes. El relato se desarrolla paso a paso, pero lo hace por medio de diferentes perspectivas: Gloger encarna todos los personajes de la historia (con sus respectivos registros) con excepcional virtuosismo dramático y vocal.
La obra se representó en versión de concierto, sin escenografía, aunque cabe preguntarse cómo sería una versión escenificada de una obra cuya dramaturgia pasa exclusivamente por el cuerpo y la voz del cantante, con eventuales comentarios del violista. Fábula no podría estar más actuada o representada de lo que está en esta versión.
La obra está escrita en castellano e interpretada por un alemán, lo que crea un tipo idiomático tan legítimo como la más pura y mejor dicha de las lenguas. La pronunciación de Gloger tiene, por sí sola, un efecto cómico y dramático, que acentúa la inestabilidad y la ambigüedad del narrador. Evidentemente Fábula ha sido pensada para Gloger (quien ya había tenido un papel central en Geschichte). Los elementos escénicos e instrumentales son mínimos, pero la estética no es minimalista. Los medios están sensiblemente ampliados, incluso el registro de la viola, con una scordatura que va del chelo al violín, en un paralelismo muy sutil con la parte vocal.
En Fábula reaparece cierta comicidad de opereta de Geschichte, y el medio instrumental —voz de contratenor y viola d’amore— forma un paisaje arcaizante por sí solo. Pero la obra resulta completamente novedosa en su desarrollo y en su tono. Es como si unos personajes familiares desarrollasen una dramaturgia musical extraña e impensada.