Underground en San Sebastián (diario vasco)

Música para el silencio – Diario Vasco
21.08.2007 – AITOR ÁLVAREZ
El ciclo de música contemporánea se abrió de una manera muy especial, haciendo disfrutar a los presentes con una atípica sesión cinematográfica. El grupo argentino Trío Ego Armand se encargó de poner música en directo a la película muda Underground, del británico Anthony Asquith que data del año 1928. El pianista Oscar Strasnoy, creador y compositor principal del montaje, el guitarrista Pablo Marquez y el percusionista Gabriel Said se colocaron a un lado de la pantalla para colorear con sus oportunos y sugerentes sonidos cada acción que transcurría a lo largo de este interesante film, rodado íntegramente en la capital londinense.
La composición para películas originariamente sin sonido, así como su ejecución durante la proyección de las mismas, es una tendencia que ha crecido alegremente en la última década. En el caso puntual de Underground, fue producto de un encargo del Museo del Louvre de París, que ha apostado fuerte por este género y desarrolla anualmente un ciclo de estas características.
La historia se enmarca en la vida cotidiana de cuatro personajes y el argumento en una serie de disputas y relaciones pasionales entre ellos. Es de destacar en la película la capacidad de creación de situaciones, el interesante juego de luces y sombras que se emplea, así como la constante voluntad de convertir la cámara en un personaje, en un claro punto de vista subjetivo.
El fantástico trabajo realizado por los tres instrumentistas, preciso, dúctil y muy expresivo permitió crear los ambientes necesarios para cada escena. De esta forma, mientras en el bar o en la persecución final y posterior enfrentamiento entre los dos protagonistas masculinos, la música sonó con mucho ritmo, haciendo continuos guiños al jazz y alegres motivos latinoamericanos, en los momentos más confusos y de mayor intriga emocional entre los personajes, ésta se mostró fría e inquietante, creando atmósferas de gran ansiedad. Se trata de una música que logra en todo momento el necesario equilibrio con la imagen y el argumento y se muestra, sobre todo, muy funcional con la acción dramática planteada por la película.
Dos detalles llamaron poderosamente la atención. Por una parte, la falsa banda sonora que se escucha, la cual reproduce algunos sonidos específicos como el ladrido de los perros, el ruido del metro, las pisadas o el propio de la naturaleza, pero siempre intentando mostrar su no originalidad y falsedad. Otro de los momentos curiosos fue la de un niño y un vagabundo tocando la armónica y un flautín respectivamente, instantes en el que el Trío Ego Armand dejó de tocar, provocando un curioso silencio.
Fue, en suma, una bella iniciativa que fusionó los dos artes con inteligencia, sentido y unidad.